Hoy, la Catedral Diocesana de Zipaquirá se revela bajo una nueva iluminación permanente que realza su majestuosidad y transforma el paisaje nocturno del centro histórico. Gracias a la iniciativa del alcalde Fabián Rojas y al trabajo técnico de Empresas Públicas de Zipaquirá (EPZ), este símbolo de fe, historia y tradición se fortalece como un espacio de contemplación y recogimiento, dignificando uno de los patrimonios más representativos de la ciudad.
La intervención fue desarrollada por el equipo de Alumbrado Público, mediante un proceso minucioso de diseño, instalación y adecuación de un moderno sistema de iluminación LED RGB de última generación. Cada punto de luz fue concebido para exaltar la arquitectura del templo, respetando su historia, su solemnidad y su carácter sagrado, como un acto de reconocimiento y cuidado del patrimonio religioso e histórico de los zipaquireños, a través de una tecnología pensada para operar de manera continua, segura y eficiente, garantizando estabilidad, armonía y permanencia en el entorno patrimonial.

Esta iluminación no solo resalta los detalles arquitectónicos de la Catedral, sino que permite la creación de escenas cuidadosamente programadas, de carácter permanente o eventual, acordes con fechas de especial significado como la Navidad, la Semana Santa y otras celebraciones de relevancia espiritual e institucional para quienes habitan y visitan la ciudad. El sistema es gestionado mediante un software especializado que posibilita un control preciso de tonos y ambientes, siempre bajo un enfoque de sobriedad, armonía y sostenibilidad.
Con esta intervención, la Catedral Diocesana se consolida como el corazón espiritual y visual del paisaje nocturno del centro histórico, fortaleciendo la identidad cultural y religiosa de Zipaquirá y ofreciendo a ciudadanos y visitantes una experiencia de encuentro, reflexión y respeto por el patrimonio.
La iluminación permanente no solo embellece el entorno urbano, sino que dignifica el espacio público, impulsa el turismo responsable y contribuye a la revitalización del centro histórico. Esta obra trasciende lo técnico: no se trata únicamente de iluminar una estructura, sino de honrar un símbolo de fe, historia y unidad, encendiendo en la noche zipaquireña un mensaje de orgullo, identidad y espiritualidad compartida







