El pasado 28 de diciembre, el municipio de Cota, Cundinamarca, perdió a uno de sus hijos más ilustres y a un pilar fundamental de su identidad cultural. El fallecimiento del maestro Carlos Alberto Triviño ha generado un profundo sentimiento de luto en una comunidad que no solo lo reconoció como un músico y danzador excepcional, sino como el pedagogo que dedicó su vida a transformar la precariedad en arte y a formar generaciones enteras bajo la premisa de que la sensibilidad es un derecho de todos.

Según reseñó Cota Tv, Triviño fue un “cotense de pura cepa” que entendió desde muy joven que el arte florece donde hay voluntad. Criado bajo el ejemplo de esfuerzo de su madre, Martina Balcero, el maestro se convirtió en un pionero que no se detuvo ante la falta de recursos. En sus aulas, las tapas de las ollas hacían las veces de platillos y la comunidad se unía para coser los uniformes que no se podían comprar. Esta mística de trabajo colectivo lo llevó a lo más alto en 1996, cuando ganó el primer lugar en el Concurso Nacional de Música Inédita para Bandas con su bambuco “El Cotense”, una obra que recientemente cruzó fronteras al ser interpretada en México por Quota Creativa. Fiel a su humildad, el maestro siempre sostuvo: “Ese premio era de todos”, reafirmando que su música era, ante todo, un proyecto de vida compartido.

La noticia de su partida ha provocado una ola de homenajes de instituciones y antiguos alumnos. La Fundación Artística Colombia Viva y Tradición manifestó su pesar señalando que “Cota guarda silencio respetuoso ante la partida de un hombre que hizo historia, que sembró amor por el arte y que dejó una huella imborrable en la memoria colectiva”. Por su parte, medios como Majuy TV lo recordaron como un “juglar completo” cuyas manos dominaron cuerdas, vientos y percusión, siempre con un humor fino y una entrega constante.

El dolor de su ausencia se siente con especial fuerza en los testimonios de quienes pasaron por sus aulas. Eimy Murcia, una de sus estudiantes de coro, recordó con nostalgia en su cuenta de Facebook, la imagen del “maestro alto, con su bicicleta y el piano debajo del brazo”, destacando que su mayor lección fue demostrar que la felicidad habita en el aula. “Usted me enseñó que el arte transforma vidas y que Cota merece un gran teatro que lleve su nombre”, expresó Murcia en un emotivo mensaje. Hoy, aunque el maestro Carlos Triviño ya no esté físicamente en los escenarios, su legado sigue vibrando en cada nota del Festival Nacional del Bambuco Colombiano y en el corazón de cada joven que, gracias a él, encontró en la música un camino de vida. Paz en su tumba para un referente invaluable de la cultura nacional.







