Cada vez son más las mujeres -amigas, primas, sobrinas o conocidas- que deciden no ser madres. Y antes de cuestionar una decisión que es sumamente personal, que no es la intención de este vídeo, queremos preguntarles: ¿Alguna vez se han cuestionado cómo esto podría cambiar la economía mundial? Exiliados se lo Explica:
Anu Madgavkar, demógrafa india y socia del McKinsey Global Institute, publicó recientemente su investigación “¿Dependencia y Despoblación? Afrontando las Consecuencias de una Nueva Realidad Demográfica” 1 en la que no solo aborda la caída en las tasas de fertilidad sino cómo ésta está teniendo un impacto en las principales economías del mundo, al no poder respaldar, por ejemplo, los ingresos y las pensiones en 2050.

Tan es así, que la mayoría de países del mundo enfrentaría a finales de este siglo, uno de los mayores desafíos de despoblación, prácticamente sin precedentes, según proyecciones de la ONU. Claro que es normal que las tasas de natalidad tengan descensos significativos, pero en condiciones normales, siempre vuelven a tener picos y, de alguna forma, esos picos y descensos sostienen un equilibrio en términos sociales y económicos.

Lo que viene pasando, según esta investigación, es que a partir de la década de los 80, comienza un descenso muy marcado en la medida del número de hijos que tiene una mujer durante toda su vida. Madgavkar, afirma que “durante el último cuarto de siglo, la tasa de fertilidad ha disminuido en el 90 por ciento de los países del mundo”, tal y como lo pueden ver en las siguientes imágenes -donde el color azul cambia radicalmente desde 1950 hasta la actualidad- por lo que ella divide su investigación en 2 grupos: los países que ya están viviendo las consecuencias del cambio demográfico y los que, en unos años, las estarán afrontando. En el primer grupo, están la mayoría de países de Europa y países, como Japón o Corea del Sur. En el segundo, América Latina y países como Bangladesh, Tailandia o Indonesia.


¿Qué se ha visto en los países que ya vienen afrontando estas consecuencias? que entre menos personas haya en edad productiva, mayor será la brecha de bienestar de nuestros adultos mayores.

Cuestión que podría ejercer más presión sobre las finanzas públicas -más específicamente en el costo y sostenimiento de los sistemas de pensiones- y que, factores cruciales, como: la intensidad laboral, la productividad y la composición por edades le resten puntos al Producto Interno Bruto de cada país.

Tal es el caso de Europa Occidental que a raíz de que la región se inclinó más hacia el envejecimiento, el crecimiento económico se redujo anualmente un 0.3%, que puede parecer insignificante, pero no lo es. Es un cambio promedio que pasaría de recibir 10.000 a 6.000 dólares anuales durante el próximo cuarto de siglo. O, por ejemplo, el caso de España, que según las proyecciones tendría una disminución de hasta 0.8% de su crecimiento económico anual para 2050.
Tasa de apoyo



Que cada vez más en Colombia exista un futuro con menos jóvenes y de mediana edad y más adultos mayores, significará menos intensidad y productividad laboral, que según Madgavkar, a Colombia podría restarle al menos 10 puntos básicos del PIB por año. Es decir, un crecimiento económico cada vez más lento. Por ejemplo, Madgavkar, menciona que “los sistemas de pensiones en las economías de primera ola -es decir, las del primer grupo- , especialmente aquellos con programas de prestaciones definidas, ya están al límite de sus posibilidades”. Esta investigación también advierte que ese futuro con menos jóvenes, será un posibilidad también para nuevos patrones migratorios, en los que por lo menos el 20% de la población mundial estaría en los países del primer grupo, que exista una falta de sostenimientos de la deuda, el contrato social y hasta una posible desestabilización global.
Pero, ojo, no todo es tan desalentador como parece, “este informe debe interpretarse como un escenario para el que prepararse, más que como una predicción” advierte Madgavkar. Colombia, según esta investigadora, al ser de los países del segundo grupo, tiene al menos 19 años para “enriquecerse antes de envejecer” dijo en su paso por el Congreso Internacional de la ANI. Lo que supondría, desde su óptica, que fenómenos como la informalidad laboral, la productividad y el número de horas trabajadas, serán factores que deberán ser mayormente debatidos y modificados. La innovación, la adaptación de nuevas tecnologías y la capacitación, podrían mitigar los riesgos de esta nueva realidad demográfica descrita por Anu Madgavkar.

Esta misma investigación demuestra que, si bien estas estadísticas están basadas en el escenario que plantea la ONU para 2024, y que es la visión más cercana de consenso global, difiere de otras proyecciones. El Instituto de Métricas y Evaluación en Salud y el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados, por ejemplo, sostienen que esta investigación es demasiado optimista en su pronóstico de que las tasas de fertilidad dejarán de disminuir y experimentarán una ligera recuperación en muchos países.
Y quizás, más allá de las decisiones políticas o económicas, hay un debate de fondo que incomoda y que no puede seguir evadiéndose: ¿por qué cada vez más mujeres en Colombia deciden no ser madres? Aunque la respuesta no puede ser homogénea, la maternidad aún significa, para muchas, renunciar a proyectos personales y profesionales, la decisión de no tener hijos es también un acto de resistencia frente a un modelo social que ofrece poco respaldo. Estamos, entonces, ante un momento crucial: mientras las estadísticas advierten sobre el impacto demográfico y económico de esta tendencia, también nos debería preocupar las garantías y condiciones que permiten a las mujeres elegir libremente sin pagar con su futuro.







