Hoy en los océanos y aguas internacionales navega una mujer que marca historia en las Fuerzas Armadas de Colombia. La capitana Liliana Ortiz Reyna, quien asumió el mando de la fragata ARC Independiente, un buque de guerra misilero, abre el camino para mujeres y niñas en un contexto que había sido predominantemente masculino.
La capitana asumió el pasado 19 de diciembre el mando de la fragata, convirtiéndose en la primera mujer en comandar ese buque de guerra de la Armada colombiana. Ortiz, con 42 años, ha forjado una trayectoria marcada por una notoria pasión por la vida militar, quizá heredada de su padre, quien es un militar retirado. Esa pasión y disciplina la llevó no solo a trascender rápidamente, sino a ocupar cargos en varias ocasiones que habían sido ocupados tradicionalmente por hombres.

Inició como Teniente de Corbeta en 2008 y ha realizado su recorrido profesional en cargos que pasan desde ser Jefe de División hasta jefe de departamento. Como comandante de la patrullera ARC TN “José María Palas” en 2013, inició su paso rompiendo barreras, pues fue la primera mujer en ocupar dicho cargo. Según la Armada Nacional, “su experiencia demuestra que el desempeño, las actitudes y las capacidades son fundamentales para el éxito, y ella misma ha disfrutado plenamente de su carrera”
Para María Catalina Monroy y Catalina Chacón, dos investigadoras de la Universidad del Rosario, y quienes han investigado la historia de las mujeres en las fuerzas armadas en Colombia, indican que aunque no existe investigaciones previas, la participación de las mujeres en estos contextos viene aumentando, hecho que es relevante desde principios de la década, es decir, relativamente actual. “A finales de 2016, 3.838 de ellas estaban activas en sus filas. 1.515 ocupaban cargos de oficiales y suboficiales en el Ejército, 780 en la Armada Nacional y 1.038 en la Fuerza Aérea, según información del Ministerio de Defensa. Mientras tanto, en la misma fecha, la cifra de hombres era de 232.843. Esto, más o menos, es una relación de 60 hombres por una mujer”, sostienen.

La comandancia de Ortiz resulta relevante no solo por ser la primera mujer en ocupar este cargo, sino porque durante décadas la participación femenina en las Fuerzas Armadas estuvo relegada, en gran medida, a labores administrativas. Hoy, las mujeres toman decisiones estratégicas relacionadas con la soberanía, la independencia y la defensa del territorio nacional. Un avance que ha sido impulsado tanto por políticas institucionales como por mujeres que, como Ortiz, decidieron desafiar estigmas y estereotipos aún vigentes.
El reto, es que en el futuro la presencia de mujeres en cargos de mando deje de ser una noticia excepcional y se convierta en parte de la normalidad. Por ahora, el nombramiento de la capitana Liliana Ortiz Reyna representa un hecho histórico en un contexto donde todavía persisten percepciones que cuestionan la capacidad de liderazgo de las mujeres frente a los hombres.








