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Uruguay aprueba la eutanasia: un paso histórico hacia la muerte digna

Uruguay se ha convertido en el primer país de América Latina en legalizar la eutanasia mediante una ley aprobada por el Parlamento, tras cinco años de debates, lo que marca un hito en la región. Con esta normativa bautizada como “Muerte Digna”, los uruguayos han dado un paso decisivo hacia un debate largamente esperado sobre el final de la vida. 

Aprobada en el Senado con 20 votos a favor de 31, esta ley plantea el acceso a la eutanasia para las personas adultas competentes mentalmente, es decir, personas que entiendan la naturaleza de su decisión y que padezcan una enfermedad incurable e irreversible, con sufrimiento insoportable. La ley no exige explícitamente que la afección sea terminal en todos los casos, lo que la distingue de legislaciones más restrictivas. Sin embargo, lo aprobado no incluye el suicidio asistido: la alternativa de que el paciente administre por sí mismo los medios para morir no está contemplada. Se abstiene de permitir la eutanasia para menores. “Todos creemos y sentimos que la vida es un derecho, tanto en la salud como en la enfermedad, pero nunca debe ser una obligación porque los demás no entiendan un sufrimiento tan insoportable”, declaró el senador Daniel Borbonet en medio del debate.  Además, la normativa establece varios requisitos y controles: entrevistas médicas, posiblemente evaluaciones psicológicas, seguimiento ético, garantía de que se respete la voluntariedad y de que el paciente pueda revocar su solicitud. 

El proyecto fue originalmente presentado en 2020 por Ope Pasquet, político del Partido Colorado, y ha recorrido un largo camino de debate, modificaciones y resistencia. Con el Frente Amplio de nuevo en el poder, la iniciativa ganó fuerza y respaldo más amplio, incluyendo de sectores de la oposición. 

El caso de Fernando Sureda, exdirigente deportivo que padecía esclerosis lateral amiotrófica (ELA), fue emblemático para visibilizar el sufrimiento ligado a enfermedades degenerativas y urgió la discusión social sobre el “derecho a morir dignamente”. Su hijo, Salvador, y quien habló para el diario Clarín, reveló el dolor que su padre padeció en vida “fue duro y muy complicado porque fueron días largos. El miércoles, mi mamá amaneció a los gritos y llorando por qué no se había muerto. Mi padre estuvo en coma 48 horas más después de eso. Imagínate la tensión y la ansiedad de ese momento”. Añadió, además su perspectiva sobre por qué debía aprobarse: “Hay gente muy católica que está en contra porque dicen que es resolver la vida del otro. Y nada que ver. El que resuelve es el que firma, que elige morir o no”.

Foto: France 24

A esto se le sumó como parte de los argumentos para su aprobación, las encuestas recientes que demostraron que este cambio legislativo cuenta con un fuerte respaldo ciudadano: en una medición de la consultora Cifra, el 62 % de los uruguayos está a favor de la legalización de la eutanasia, frente a un 24 % en contra y 14 % que no sabe.  

Controversias y oposición

Como era de esperarse, la aprobación generó reacciones mixtas. El senador del Partido Nacional, Javier García, cuestionó los conceptos de dignidad y de libertad. “¿Quién es la autoridad política, jurídica, médica que determina que una vida es indigna? ¿Cuál es el parámetro? ¿Cuál es el protocolo que se aplica?”, indicó en medio del debate. Grupos religiosos, especialmente la Iglesia Católica, se opusieron firmemente, argumentando que la eutanasia contradice la dignidad de la vida humana y adolece de riesgos éticos, especialmente para las personas más vulnerables. 

Foto: France 24

Algunos críticos también señalaron que la ley podría generar presiones sociales sobre pacientes enfermos para que opten por la eutanasia, especialmente si sienten que su existencia es considerada “onerosa” o si los cuidados paliativos no están suficientemente disponibles o desarrollados. “Legalizar la eutanasia representa una línea roja ética que Uruguay no debería cruzar. La iniciativa choca con los principios del Estado y crea riesgos difíciles de revertir”,  dijo la senadora Gloria Rodríguez, integrante del Partido Nacional.   Otros advirtieron sobre posibles vacíos legales, como precisar mejor los criterios de competencia mental o fortalecer el acompañamiento psicológico. 

La aprobación de la eutanasia en Uruguay marca un hito histórico y ético en América Latina, pero también abre una etapa de profundas responsabilidades. Más allá del avance legislativo, el poder legislativo tendrá seis meses para que esta ley entre en vigencia 

que esta norma se traduzca en un verdadero ejercicio de libertad y compasión, donde la decisión de morir con dignidad no dependa de la clase social, la ubicación geográfica o la calidad del sistema de salud. La sociedad uruguaya, que hoy celebra un paso hacia la autonomía y la empatía, deberá ahora demostrar que está preparada para acompañar la muerte con el mismo respeto con que defiende la vida.