The Lancet, una de las revistas de ciencia médica más prestigiosas del mundo, analizó el programa nacional de vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) en Inglaterra entre 2001 y 2024. Su conclusión fue contundente: a mayor tasa de vacunación, mayor es la protección, no solo para evitar contraer esta infección de transmisión sexual (ITS), sino también para erradicar la muerte por cáncer de cuello uterino.

Aunque se trata de un análisis basado en la población de Inglaterra, sus lecciones son plenamente aplicables en el resto del mundo. El estudio demostró una reducción absoluta en la mortalidad por cáncer de cuello uterino gracias a la inmunización. Al analizar los datos de mujeres entre los 20 y 34 años que se vacunaron a los 12 o 13 años, se registró una reducción del 100% en las muertes, en contraste con los 23.1 fallecimientos que se esperaban según las tasas históricas de la región.
En Colombia, a pesar de que el biológico está disponible, el acceso ha estado fuertemente golpeado por la desinformación. Un ejemplo de ello, ocurrió en 2014 en El Carmen de Bolívar, poco después de la introducción del programa nacional de inmunización.

En ese momento, cerca de 500 niñas presentaron síntomas como dolores de cabeza, vómitos, desmayos y dificultades respiratorias. Una intensa cobertura mediática, que difundió masivamente videos de las menores desmayándose, terminó consolidando una narrativa que vinculó erróneamente estos episodios con la aplicación de la vacuna, un estigma que el país aún atraviesa.
Esta situación, según HPV World, comprometió “la confianza pública hacia la vacuna contra el VPH (…); las tasas de cobertura nacionales disminuyeron desde más del 80% en 2014 al 14% y el 5% para la primera y segunda dosis en 2016.”
Actualmente, según el Observatorio de Vacunación de la Universidad de los Andes, la cobertura de esta vacuna en el país ha sido de apenas el 19,5% en niños y niñas durante los primeros meses de 2025. Una cifra que viene en caída, considerando que en 2024 solo el 52,6% de la población objetivo recibió la primera dosis.

No obstante, la investigación aclara que, si bien el éxito del programa radica en lograr una alta cobertura comunitaria, la efectividad de la vacuna por sí sola no elimina el riesgo al 100% de manera individual. Esto se explica porque, de 98 casos de cáncer cervicouterino registrados en mujeres menores de 30 años en Inglaterra, 91 presentaban tipos de VPH (como el VPH1 o VPH18) u otras variantes no cubiertas por esa fórmula en particular.
Por esta razón, para que la vacuna sea verdaderamente efectiva a nivel masivo, es indispensable fortalecer el esquema en edades tempranas. Si bien las mujeres adultas pueden aplicársela, existe una alta probabilidad de que ya hayan estado expuestas al virus, lo que reduce notablemente la eficacia del biológico.
“En Colombia, la vacuna previene varios tipos de cáncer, entre ellos: cáncer de cuello uterino, vulva, vagina, ano, pene y algunos de garganta/orofaringe”, recordó la Universidad de los Andes.

Detrás de cada cifra y porcentaje de este estudio no hay solo datos estadísticos; hay vidas que pueden salvarse con un simple pinchazo a tiempo. La ciencia ya ha demostrado que el cáncer de cuello uterino, una enfermedad que desgarra hogares enteros, es prevenible.
Que hoy en Colombia menos de dos de cada diez niños y niñas estén protegidos nos enfrenta a una dolorosa realidad de desinformación y barreras de acceso. Vacunar a los más jóvenes no es solo una decisión médica, es un acto de amor profundo, una promesa de futuro y el escudo más poderoso para que mañana crezcan sanos, libres de un dolor que hoy la medicina tiene el poder de evitar.







