La creciente expansión de los cascos urbanos y la consecuente pérdida de hábitats naturales han provocado una preocupante alerta ambiental en la provincia de Sabana Centro. La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) informó que, durante el primer trimestre de 2026, se atendieron 53 ingresos de animales silvestres debido a su presencia en entornos urbanos, colisiones e incautaciones. El fenómeno, que evidencia una interacción cada vez más frecuente y riesgosa entre la ciudadanía y la fauna local, encendió las alarmas de las autoridades ambientales en municipios como Zipaquirá, Chía y Cajicá.
El balance, presentado por los profesionales de fauna de la Corporación, detalla las labores desarrolladas a través del Centro de Atención y Valoración (CAV) y la Unidad de Rescate y Rehabilitación de Animales Silvestres (URRAS). Durante los meses de enero y febrero se reportaron 17 ingresos por cada periodo, una cifra que ascendió a 19 individuos durante el mes de marzo, reflejando una tendencia al alza en los rescates y entregas voluntarias en las zonas residenciales y comerciales de la región.

Entre las especies más afectadas por esta problemática se encuentran aves (con un fuerte predominio de loros), así como diversos reptiles y mamíferos que terminan desorientados en las calles o atrapados en viviendas tras huir de la deforestación de los cerros orientales. Pese a las complejas condiciones en las que llegan muchos de estos ejemplares, el trabajo técnico y especializado dio frutos esperanzadores: al cierre del trimestre, un total de 38 animales lograron recuperarse por completo.
“Son 38 animales silvestres que lograron ser liberados y retornaron a su hábitat natural”, destacó el director de la regional de Sabana Centro, Mauricio Garzón, al celebrar el éxito de los procesos de rehabilitación biológica y médica veterinaria que permitieron devolver a estas especies a entornos seguros y alejados del ruido de las ciudades.

No obstante, el panorama sigue siendo desafiante. Las dinámicas humanas continúan presionando los corredores biológicos de la Sabana, lo que obliga a los animales a migrar hacia escenarios hostiles donde quedan expuestos al tráfico ilegal, ataques de mascotas domésticas y atropellamientos en las vías públicas. Ante esta realidad, las autoridades recuerdan que el cuidado de la biodiversidad es una responsabilidad compartida que requiere de la conciencia colectiva.
“Reiteramos el llamado a la ciudadanía a proteger la fauna silvestre y a promover acciones que contribuyan a su conservación”, señaló Garzón, instando a la comunidad a reportar inmediatamente la presencia de estos animales a las líneas de atención y a evitar a toda costa su domesticación o maltrato.

El retorno de estos 38 ejemplares a la libertad es un triunfo para el ecosistema de Sabana Centro, pero también una advertencia silenciosa. Mientras las fronteras de cemento sigan estrechando los bosques nativos, los encuentros con la vida silvestre serán más comunes. Aprender a coexistir sin causar daño, denunciar el cautiverio ilegal y respetar los límites de la naturaleza parecen ser las únicas vías para que las futuras crónicas locales hablen de conservación y no de la desaparición de nuestra fauna nativa.







