En las bóvedas del Cementerio del Sur, en Bogotá, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) adelantó una prospección forense que podría esclarecer el paradero de un hombre trans desaparecido hace casi tres décadas. La intervención, realizada en el marco de la estrategia de ‘Búsqueda Igualitaria’, no solo representa la posibilidad de dar con el paradero de Brayan Ernesto, sino que sienta un precedente histórico para restituir la identidad y la dignidad post mortem a las personas LGBTIQ+ cuyas historias fueron invisibilizadas por el estigma y las falencias institucionales durante el conflicto armado en Colombia.

Durante décadas, la desaparición de personas con identidades o orientaciones diversas permaneció oculta en medio del prejuicio. Según datos de la UBPD, en el país existen al menos 51 reportes de personas LGBTIQ+ dadas por desaparecidas en el contexto de la conflicto armado; de ellas, 13 corresponden a personas trans, siendo la inmensa mayoría solicitudes de búsqueda de mujeres trans.
Por esta razón, el caso de Brayan Ernesto resulta emblemático para iluminar el camino de la búsqueda de hombres trans. Él, segun la entidad, desapareció en Medellín en 1997 cuando varias personas se lo llevaron, y durante años su expediente figuró bajo un nombre y sexo femenino asignado al nacer, ignorando las prendas masculinas con las que fue hallado y su verdadera expresión de género.
El impulso decisivo de su caso se logró en 2025 durante un recorrido de ‘La Ruta Buscadora’ en Villamaría, Caldas. Allí, su prima Tatiana compartió la historia de Brayan y aportó una fotografía conservada por años en la que se evidenciaba su apariencia, vestimenta y peinado masculino, pieza clave para abrir la hipótesis de identidad trans.

Sobre este encuentro, Ana Rodríguez, líder de la estrategia itinerante, señaló: “Cuatro mujeres integraban el equipo de atención de La Ruta Buscadora en 2025. Ellas estuvieron con Tatiana, escuchándola y, aunque no fue posible realizar la toma de muestra biológica por el tipo de parentesco, se le brindó toda la atención posible para garantizar su derecho a la búsqueda con enfoque de género. También, se registró el nombre identitario de Brayan, con el fin de garantizar el derecho a la identidad de género”.
A partir del trabajo articulado entre la UBPD y el Instituto Nacional de Medicina Legal, se cruzaron datos médicos, la necropsia de 1998 y los registros de inhumación del Cementerio del Sur, orientando las labores hacia una bóveda colectiva en el marco de la quinta fase de intervención de este campo santo.

Respecto a la rigurosidad técnica del proceso, Carolina Daza, antropóloga del equipo de la UBPD para Bogotá, Cundinamarca y Amazonas, enfatizó: “Ningún hallazgo ocurre por casualidad. Detrás de cada avance hay meses de investigación, revisión documental, trabajo en territorio y articulación entre distintos equipos. Todo ese esfuerzo tiene un mismo propósito: acercarnos a la verdad que esperan las familias”.
Matilda González, profesional de la Subdirección Técnica de Participación y Enfoques Diferenciales de la UBPD, reflexionó sobre el valor humanitario del proceso: “todas las personas que fueron desaparecidas son importantes, son dignas de duelo. Las vidas de las personas LGBTIQ+ son igual de importantes que las otras”.

González añadió que la búsqueda debe realizarse desde “la dignidad humana, el reconocimiento de la diversidad y desde el amor que el mundo nos ha negado”. Asimismo, la jornada contó con el acompañamiento de la corporación Caribe Afirmativo, cuya integrante Mary Pulido destacó que estas acciones representan una oportunidad para saldar “una deuda histórica con las personas LGBTIQ+ que han sido desaparecidas, asesinadas y violentadas sistemáticamente” dijo.
A la espera de los análisis científicos que determinen si existe una correspondencia definitiva, el avance en el caso de Brayan Ernesto demuestra que el derecho a ser reconocido bajo la propia identidad no termina con la muerte. Más allá de un eventual resultado genético o forense, la intervención en el Cementerio del Sur sienta las bases para reescribir los protocolos de la memoria oficial en Colombia, abriendo un camino de justicia, respeto y reparación para las familias de las personas diversas que continúan buscando a los suyos.






