La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) celebra una década de operación de su Centro de Atención y Valoración (CAV) de Flora en Mosquera, un modelo donde la madera incautada del tráfico ilegal se convierte en el cimiento de obras públicas. Este espacio, el más moderno de su tipo en el país, nació bajo el cumplimiento de la normativa del Ministerio de Ambiente para dar custodia técnica al material forestal decomisado en operativos viales y regionales. Con una infraestructura diseñada para el almacenamiento y tratamiento fitosanitario, el centro alberga actualmente cerca de 902 metros cúbicos de madera que, tras ser retenida por falta de salvoconductos o permisos de aprovechamiento, inicia un proceso de reutilización legal y socialmente responsable.

Según la entidad, a través de convenios interadministrativos, la CAR entrega estos bloques de madera a entidades territoriales y resguardos indígenas que los solicitan para fines de interés público. Hasta la fecha, municipios como El Peñón, Puerto Salgar, Villagómez, Cabrera, Pacho, Chiquinquirá, Paime, Yacopí y Tena, junto a los cabildos de Chía y Cota, han suscrito acuerdos para transformar este material en obras de mitigación del riesgo y el reforzamiento de estructuras comunitarias. Según explicó Mercy Johane Ospina Cuartas, directora Técnica Ambiental de la CAR, el equipo de expertos forestales garantiza que el depósito sea técnicamente adecuado para que, al momento de la entrega, la madera mantenga las propiedades necesarias para su nuevo uso en la infraestructura regional.

La magnitud de esta operación se refleja en las cifras acumuladas durante los últimos diez años, periodo en el cual el CAV de Flora ha recibido un total de 1.177 metros cúbicos de madera. Para dimensionar el impacto, la entidad mencionó que esta cantidad de material sería suficiente para edificar más de 50 viviendas de entre 100 y 120 metros cuadrados cada una. Este volumen no solo representa un golpe contundente contra la deforestación y la comercialización ilícita de la biodiversidad, sino que ofrece una solución práctica a las necesidades de construcción en zonas rurales y resguardos, donde el recurso forestal se vuelve vital para la seguridad y el bienestar de los habitantes.

Más allá de su función como centro de acopio, el CAV de Flora se ha posicionado como un referente nacional dentro del Sistema Nacional Ambiental (SINA). Sus instalaciones son visitadas frecuentemente por universidades, centros de investigación y otras corporaciones autónomas que buscan replicar el modelo de gestión forestal. Además, funciona como un aula abierta para la capacitación de efectivos de la Policía y el Ejército Nacional, así como de profesionales del sector, fortaleciendo las capacidades técnicas para combatir el tráfico de flora.







