La delegación colombiana de bomberos y rescatistas que viajó a Venezuela para atender la emergencia causada por los fuertes sismos regresó al país. El equipo, integrado por especialistas de Bogotá, Medellín y Yopal, había partido entre el 24 y el 26 de junio con la misión urgente de salvar vidas. Hoy están de vuelta en casa, cobijados por un sentimiento agridulce: el alivio del deber cumplido, pero también el peso de haber caminado entre las ruinas del dolor ajeno.
Con un contingente de 63 rescatistas y cuatro binomios caninos, el equipo acreditado de búsqueda y rescate urbano (USAR COL-1) desplegó todas sus capacidades operativas en La Guaira, una de las zonas más golpeadas por el desastre. Tras intensas jornadas de focalización en seis sectores, el rastreo de 44 sitios específicos y la evaluación estructural de 20 edificaciones colapsadas, la misión dejó una huella imborrable que hoy tiene rostro propio: Moisés, un niño de 11 años que fue rescatado de los escombros por las manos de estos héroes anónimos.
#UNGRDesNoticia en @NoticiasCaracol | Así fue el emotivo reencuentro entre el equipo USAR Col – 1 y Moisés, el niño de 11 años que nuestro equipo élite de búsqueda y rescate sacó de los escombros en Venezuela.
— UNGRD🇨🇴 (@UNGRD) July 6, 2026
"Los milagros existen y ustedes hicieron ese milagro", las palabras… pic.twitter.com/446QyeF6Xm
“De verdad que estoy muy agradecido porque era algo de lo que, quizás, no teníamos mucha esperanza, y realmente ustedes hicieron el milagro”, expresó conmovido Lázaro Rubio, padre de Moisés, ante las cámaras de Noticias Caracol, durante el emotivo reencuentro entre los rescatistas colombianos y el pequeño sobreviviente.
Este abrazo, cargado de lágrimas y gratitud, se convirtió en el símbolo del esfuerzo incansable de hombres y mujeres que lo arriesgaron todo en el terreno, incluyendo su propia salud mental.
Hoy regresaron a Colombia, y en medio de agradecimientos, la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo en Desastres (UNGRD) entregó un reconocimiento especial a todos los héroes que estuvieron en esta misión.
Detrás de los uniformes y las herramientas de alta tecnología, regresan seres humanos que desafiaron el peligro físico y emocional para devolverle la esperanza a familias que lo habían perdido todo. Su retorno no es solo el fin de una misión técnica; es el regreso de la solidaridad hecha cuerpo, recordándonos que, ante la tragedia, la empatía y la vida no conocen fronteras.







