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Ante la llegada de El Niño intenso autoridad ambiental pide evitar prácticas que pueden agravarlo 

La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) emitió, el pasado 25 de mayo, un llamado a toda la población del departamento para evitar prácticas que puedan agravar los impactos de la temporada del fenómeno El Niño.  El director general de la entidad, Alfred Ballesteros, advirtió que, si bien las altas temperaturas y la drástica reducción de las lluvias obedecen a factores naturales del ciclo climático, la gravedad de las emergencias actuales está directamente relacionada con acciones humanas que se pueden prevenir. 

El funcionario enfatizó que el verdadero peligro radica en continuar con los mismos hábitos destructivos y de derroche a pesar de las alertas vigentes, lo que amplifica significativamente el impacto ambiental en la región. “Hoy el mayor riesgo no es solamente el clima. El problema es seguir actuando igual pese a las alertas. Si no corregimos prácticas que desperdician agua o deterioran los ecosistemas, el impacto será mucho más fuerte”, señaló.

Foto; Stock

Con el fin de mitigar los efectos de la temporada seca, la autoridad ambiental del departamento identificó cinco conductas que la ciudadanía, el sector productivo y las administraciones locales deben corregir de forma inmediata. 

La primera de ellas es el derroche de agua potable en actividades secundarias. La entidad alertó sobre la irresponsabilidad colectiva que representa utilizar el agua de los acueductos para labores no prioritarias como el lavado de vehículos, el riego estético de jardines, el llenado de piscinas y la limpieza de fachadas o andenes, prácticas que generan una presión insostenible sobre los sistemas de abastecimiento en momentos de escasez.

Como segundo punto, la CAR señaló las quemas y los sistemas de riego ineficientes en el campo. Muchas de las emergencias forestales del departamento comienzan con quemas de lotes o residuos agrícolas que se salen de control debido a los fuertes vientos, la baja humedad y el calor. Asimismo, el sector agrícola ejerce una enorme presión hídrica por el uso de sistemas tradicionales de riego por inundación en la ganadería y en cultivos intensivos como arroz, caña de azúcar y palma de aceite, provocando pérdidas por evaporación, captaciones excesivas y conflictos por el acceso al recurso.

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La tercera mala práctica es el desaprovechamiento del agua lluvia. Para la Corporación, resulta una contradicción hablar de desabastecimiento mientras miles de litros de agua lluvia se pierden debido a la falta de infraestructura básica de recolección en los hogares y fincas, razón por la cual la CAR avanza en la construcción de reservorios y tanques de almacenamiento en varios municipios de su jurisdicción como medida de adaptación.

En cuarto lugar se encuentra la deforestación continuada de entornos estratégicos. La tala de bosques, la invasión de rondas hídricas y el deterioro de los páramos merman la capacidad natural de la tierra para retener humedad y regular los caudales. Frente a este panorama, la CAR reportó avances en su estrategia de restauración en la cuenca del río Bogotá: tras sembrar 70.055 árboles entre 2024 y 2025, en lo corrido de este año 2026 ya se han plantado 32.500 individuos adicionales, avanzando hacia la ambiciosa meta de cinco millones de árboles fijada en su Plan de Acción 2024–2027.

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Como quinto punto, el director de la CAR puso el foco sobre los elevados porcentajes de agua que se desperdician en las tuberías municipales debido a redes obsoletas, fugas permanentes y falta de mantenimiento técnico en los sistemas de distribución, una situación que calificó como insostenible en plena época de sequía.