Un video que circuló con fuerza en las redes sociales encendió las alarmas de los habitantes de La Calera al mostrar a un imponente oso andino supuestamente caminando por los pasillos de un conjunto residencial. Sin embargo, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) trajo un necesario parte de tranquilidad y una realidad mucho más amable: el animal nunca abandonó su hogar, sino que fue captado en pleno corazón de su hábitat natural, recordándonos la maravillosa vecindad que compartimos con la fauna silvestre de nuestra región.
Tras el revuelo digital, los profesionales de fauna de la Dirección Regional Bogotá se pusieron la tarea de verificar la situación y descubrieron que el escenario campestre del video no correspondía a ninguna zona urbana o residencial. El oso se encontraba en realidad en el sector de Monte Redondo, justo frente al embalse de Chuza, dentro de los terrenos protegidos del Parque Nacional Natural Chingaza.
Al estar en su zona de distribución natural, el oso de anteojos simplemente estaba recorriendo los corredores biológicos que utiliza su especie para sobrevivir, los cuales, desafortunadamente, cada vez se ven más presionados y reducidos por el avance de las actividades agrícolas y pecuarias de los humanos.

Para asegurar que sigamos coexistiendo en armonía con estos maravillosos guardianes del páramo, la autoridad ambiental recordó que el oso de anteojos no representa una amenaza para las personas, pues solo actúa de forma defensiva si se siente acorralado. Por ello, compartió algunas pautas sencillas y llenas de sentido común que todos deberíamos aplicar si nos topamos con la fauna local:
- Distancia y prudencia: Mantener siempre un espacio prudente ante cualquier avistamiento; la distancia es el mejor sinónimo de respeto.
- Cero interferencias: No perseguir, acorralar ni, bajo ninguna circunstancia, intentar alimentar a los animales para no alterar su comportamiento natural.
- Responsabilidad digital: Verificar la información antes de darle “compartir” en las redes sociales, evitando así sembrar miedos innecesarios y promoviendo una verdadera cultura de conservación.
- Reportar a tiempo: Avisar a las autoridades ambientales competentes ante cualquier encuentro cercano para que puedan monitorear el bienestar del ejemplar.
La sensatez y la empatía frente a este fenómeno digital quedaron plasmadas en las palabras de Magdala Iregui, directora de Biodiversidad de la CAR, quien enfatizó la importancia de ver estos encuentros como un logro ecológico y no como un peligro: “Queremos enviar un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía… El ejemplar fue registrado dentro de su hábitat natural, en inmediaciones del Parque Nacional Natural Chingaza, un hecho que evidencia la riqueza y el valor de nuestros ecosistemas altoandinos”.

La funcionaria también recordó que proteger a este mamífero es un pacto colectivo que va más allá de las instituciones, señalando que “la convivencia con la fauna silvestre exige información responsable y respeto por las especies. El oso andino cumple un papel fundamental en el equilibrio de nuestros ecosistemas y su protección es una tarea compartida entre las autoridades y la ciudadanía”.
Este malentendido viral nos deja una lección sobre cómo habitamos el mundo. Perseguir, cazar o alterar el entorno del oso de anteojos no solo constituye una grave infracción ambiental, sino que debilita el equilibrio de los páramos y bosques que nos proveen de agua.







